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En la serie «Café para dos» el poeta Héctor Cisneros Vázquez, inspirado en los artistas flamencos, dibuja sobre el papel una naturaleza muerta y, como si fuera con el mismo lápiz, escribe en la parte superior derecha un haikú, esa forma poética japonesa que captura la realidad en tan sólo tres versos.

En el dibujo, una prensa francesa vacía aguarda —junto a un hervidor, dos cúmulos de granos de café y una taza— a aquél que le ponga el café y le vierta el agua hirviendo para que nazca esa bebida «que se bebe como el perfume del pasado… Siempre del pasado».

El poema nos da una clave: falta también la presencia de aquel con quién compartir el calor de la bebida y otra taza donde servir el café preparado con el segundo montón de granos. La técnica a lápiz, con su monocromía y amplia escala de grises, subraya la ausencia de color que, acaso, pudiera colorearse con la presencia de ese segundo ausente.

Willem Claesz. Naturaleza muerta con tarta de frutas y varios objetos. 1634. (Detalle).

La naturaleza muerta es un género pictórico que retrata los objetos creados o utilizados por el ser humano, pero sin la presencia de éste, dejándonos la impresión de la ausencia: alguien hace falta porque ha tenido que marcharse, ya sea para volver tras atender otros asuntos, o para no regresar porque ha hallado un otro sitio o le ha llegado la implacable visita de la muerte. En la pintura flamenca hay tartas a medio comer, o naranjas que a medio pelar esperan por alguien.

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