Uno de los géneros literarios más populares de toda la historia ha sido la novela de caballerías. Esas obras extraordinarias eran tan leídas y escuchadas durante la Edad Media que se enraizaron en el imaginario colectivo al grado de que, sin dudarlo, los conquistadores españoles del siglo XVI iban de aquí para allá por el agreste territorio que después sería el norte de México buscando fuentes de la eterna juventud o las siete ciudades doradas de Cíbola. Desde aquellos entonces, estas novelas han sido parte de la cultura occidental, de modo que, hoy en día, aún en ciudades como México donde la gente podría morir sin ver jamás un caballo, donde hallar clases de esgrima es más difícil que encontrar expendios ilegales de armas de fuego, y nuestra única armadura para protegernos del mundo es un par de audífonos, aún puede emocionarnos oír hablar sobre caballeros de la mesa redonda y la búsqueda del Santo Grial, y poseemos una vaga idea de quién es un tal Lancelot o, castellanizado, Lanzarote.
La escritora Ireri Finn se sirve de esta presencia en el imaginario colectivo para crear, en su novela Lanzadote, una parodia del ciclo artúrico, pues así su texto burlesco hace referencia, en la mente del lector, a aquél del que se burla. El título y el nombre del personaje principal ya aluden, por el cambio de una sola consonante (una de en vez de erre), a quien inicia una empresa con una amplia motivación irreflexiva y, al mismo tiempo, al caballero Lanzarote, quien se ha lanzado a rescatar a la raptada reina Gunièvre (o Ginebra, castellanizado) y a ser su amante, quien se ha lanzado a la búsqueda del santo Grial y a la defensa de Camelot en más de una ocasión, y quien es, por tanto, un lanzado en gran escala, un lanzadote.
En Le Chevalier de la Charrette (s. XII) de Chrétien de Troyes, cuya trama sigue de cerca la novela de Ireri Finn, Lanzarote se dice a sí mismo para infundirse valor en el rescate de la reina:
Meüz sui por si grant afeire
Con por la reïne Guenievre.
Ne doi mie avoir cuer de lievre
Quant por li sui an cest queste;
Se Malvestiez son cuer me preste
Et je son comandemant faz,
N’ateindrai pas ce que je chaz.
(1110-1116)
Me encuentro en este gran asunto
por la reina Ginebra.
No debo tener corazón de liebre
cuando por ella estoy en esta empresa;
si Cobardía me presta su corazón
y hago como me manda,
no conseguiré lo que persigo.
De un modo similar, el lanzado protagonista de Lanzadote se envalentona hablándose a sí mismo para rescatar a su Ginebra de las manos de narcotraficantes, y hasta cuando le cuestionan sobre lo peligroso que es concretar la relación con ella —«¿No será mucho pedo andar con la vieja de tu jefe?» (125) o «y es que luego es un pinche pedo […] ¿neta con una casada?» (73)—, él osadamente contesta: «lo único que es inmoral es no amar» (126).

Lanzarote pasando el puente de la espada. Taller d’Evrard d’Espinques. c. 1470.
En su texto teórico «Aproximaciones a la parodia», publicado bajo el nombre de Irerisabel Campos, la autora nos dice que la parodia sirve «para renovar modelos desgastados o para destruir discursos autoritarios» (141). La función de renovar modelos trillados tiene una doble resonancia cuando hablamos de novelas de caballerías. En primer lugar, la prolongada presencia de este género literario en el imaginario colectivo occidental ha provocado que sus historias se vuelvan a contar con frecuencia, incluso en tiempos en que los plebeyos montaban ya automóviles Ford modelo T —como los muestran las obras de Edwin Robinson—, o en que los cortesanos comenzaron a preferir el estrés del aeropuerto sobre el mejor palafrén —como vemos en las fechas de publicación de los libros de T. H. White y Thomas Berger—. En segundo lugar, también las parodias de las novelas de caballerías se han vuelto comunes. Ya en los inicios del siglo XVII, Miguel de Cervantes Saavedra había publicado El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, donde el protagonista, en su locura, se cree un caballero andante cuando no es sino un viejo hidalgo venido a menos. En pleno siglo XX, en 1959, Ítalo Calvino nos remonta a la época carolingia para presentarnos en El caballero inexistente a Agilulfo, el ideal de la caballería. Curiosamente, Agilulfo no es sino una armadura literalmente vacía, algo que dialoga y contrasta con Lanzarote, el caballero por antonomasia en el medievo, quien, por los cambios en la moral hacia el final de la época, terminaría fracasando en la búsqueda del santo Grial y perdiendo su estatus precisamente por haber tenido cuerpo suficiente para triunfar como amante de la reina. La compañía de cómicos Monty Python estrenaría en 1975 el filme Monty Python and the Holy Grail, donde, entre escenas de humor inglés, el hijo de Lanzarote, el casto sir Galahad, lejos de acceder a la visión de Dios a través de Grial, obtiene del Grial la iluminación de la lujuria. Ante este panorama, la novela Lanzadote de Ireri Finn busca renovar tanto las novelas de caballerías como las parodias sobre ésta, y lo logra a través de realizar no un salto temporal y geográfico, sino una transposición.
En los ejemplos anteriores, las parodias y no parodias realizadas en el siglo XX se sitúan, todas, en la Edad Media. Esto sucede incluso en Monthy Python and the Holy Grail, pues, a pesar de que se rompe la cuarta pared y se hace consciente a la audiencia de que está ante una filmación, la trama se mantiene en los remotos tiempos medievales. Por tanto, en estas obras, el lector da un salto temporal hacia atrás y desde el lugar donde se encuentre hasta Europa. En sentido inverso, la novela de Ireri Finn salva el océano Atlántico y el tiempo no sólo para ubicar la novela de caballerías en el tiempo y realidad del lector contemporáneo, sino para traerla a México. Es algo similar a lo que pasa con don Quijote y los conquistadores de América: ellos trasladaban la Edad Media a su contemporaneidad a través de interpretar el mundo a la luz de las novelas de caballerías que traían en sus imaginaciones, lo que les llevaba a sufrir descalabros, como la derrota de don Quijote ante los molinos, o a triunfar en la búsqueda de la rica isla de California de Las sergas de Esplandián (bueno, aunque en verdad haya resultado una península y carente de mujeres amazónicas). Sin embargo, en el caso de la novela de Ireri Finn, la transposición temporal no es de medio o un siglo, como sucede con el Quijote o los conquistadores, sino de nueve. De tal modo, las cartas de amor son reemplazadas por mensajes vía teléfono móvil, el lago junto al cual se cría Lanzarote es ahora el contaminado lago de Chapala, las damiselas ávidas de seducir a los caballeros han encontrado trabajo como divas del cine pornográfico, los escuderos son achichincles de la escudería Ferrari y los caballos se ven sólo en los logos de los autos que montan los personajes. Pero, sobre todo, la Edad Media no está en la mente de los personajes que han leído o escuchado infinidad de novelas de caballerías, sino en la realidad mexicana misma.

Frederic Remignton. Coronado sets out to the north. Óleo sobre tela. c. 1895.
Ante el discurso del gobierno de México de que estamos en un país de progreso, bienestar, seguridad y ausencia de corrupción, la novela establece mordaces paralelismos entre el sistema feudal y la contemporaneidad mexicana, y subraya las formas medievales de nuestro presente. Por tanto, la novela Lanzadote —cumpliendo la otra función de la parodia señalada por la autora (141, «Aproximaciones a la parodia»)—, rompe con este discurso autoritario que, añadiendo a los regímenes anteriores, ahora nos repiten cada mañana. Por ejemplo, entre las características del feudalismo están la ausencia de una autoridad pública; el ejercicio por señores locales de funciones administrativas y judiciales antes realizadas por gobiernos centralizados; el desorden general y los conflictos regionales, y la prevalencia de vínculos entre los señores y sus vasallos, donde éstos prestan diversos servicios a cambio de protección («feudalism», Encyclopaedia Britannica). Así, en la novela de Ireri Finn, la autoridad pública del Estado mexicano brilla por su ausencia: la policía no interviene en el rapto de Ginebra —como en el caso de tantas mujeres desaparecidas cuyos familiares son quienes tienen que buscarlas—, ni en el atraco que sufre Lanzadote en la autopista —como les pasa a transportistas y automovilistas en nuestra realidad—. La novela cala aún más en nuestro presente al mostrarnos una autoridad pública venal, corrupta y coludida con los grupos locales en el poder, pues el comandante de narcóticos de la Procuraduría General de la República es hijo de un poderoso narcotraficante (15 y 100), y Margarito, traficante ilegal de armas, tiene a su disposición hasta patrullas policiales como vehículos (69).
Frente la ineficiencia de la autoridad pública, Ireri Finn hace notar que los líderes de los cárteles del narcotráfico se han establecido como poderosos señores feudales en diversos territorios del país; en consecuencia, el Estado Mexicano se ha vuelto sólo un feudo más entre ellos, y con ellos establece alianzas y negociaciones. En la novela, en el territorio de la banda Los rápidos y furiosos ni siquiera se aplican las leyes del supuesto gobierno mexicano, pues existe un pacto que hace de sus miembros «protegidos de la policía y del cártel de Tepito» (113). A pesar de datar del siglo XII, en El caballero de la carreta de Chrétien de Troyes hay unas líneas que ejemplifican muy bien la realidad mexicana. En un momento de su empresa para rescatar a la reina Ginebra, Lanzarote es acompañado por una dama. Junto a una fuente en el camino, ella reconoce un peine de marfil y le dice al caballero:
Cist peignes, se j’onques soi rien,
Fu la reïne, jel sai bien ;
(1423-4)
Este peine, si jamás supe nada,
es de la reina, lo sé bien;
A lo que Lazarote responde:
…Par foi,
Assez sont reïnes et roi ;
Mes de la quel volez vos dire ?
(1431-3)
…Pardiez,
hay reinas y reyes bastantes;
¿a cuál de ellas os referís?
Una confusión semejante se daría en el México de hoy si preguntásemos por el líder que gobierna determinada región: en Tabasco, ¿deberíamos responder «La Barredora» o el gobierno del Estado?; en la frontera entre Chiapas y Guatemala, ¿diríamos que es el Cártel de Sinaloa o el Cártel Jalisco Nueva Generación?; en la Ciudad de México, ¿la respuesta correcta sería el Cártel de Tláhuac, la Unión Tepito, o el jefe de gobierno en turno?; los «caminos de Michoacán y pueblos que voy pasando», ¿pertenecen a la familia Michoacana o a un gobierno federal?; ¿a cuál de todos los reyes del territorio le debo de pagar el impuesto por la posesión de un bien inmueble, al que le llama a la contribución «protección», al que le llama «predial», o al que le llama «derecho de piso»?

Alberto Nájar. «Los mapas que muestran los radicales cambios de influencia territorial…».
Entre tantos grupos de poder que coexisten en la geografía mexicana, cada señor feudal hace su ley, ya sea de facto o por escrito. Como en el feudalismo, los medios de participación y representación del hombre común y corriente en el modelaje e implementación de dichas leyes no son abiertos, pues son accesibles sólo a través de la fuerza, la lealtad servil —pedimos «lealtad a ciegas al proyecto de transformación», dijo alguno de los reyes de estas tierras (Rodríguez García, «Pedimos lealtad a ciegas al proyecto…»)— y, habría que añadir en el feudalismo mexicano, la alineación de las estrellas para salir sorteado en una tómbola. Así, Ireri Finn nos muestra las distintas leyes de los reinos del México contemporáneo, leyes que desatan el conflicto al encimarse en los territorios variables, indefinidos y siempre disputados del feudalismo. Por ejemplo, bajo la ley de Los rápidos y furiosos citados anteriormente, en los torneos de arrancones de automóviles se permite apostar desde droga y mercancía robada, hasta personas. Por ello, para recuperar cuanto la banda les ha robado, los amigos de Lanzadote ni siquiera pueden apelar a una ley gubernamental que supuestamente es común para todos los habitantes del país y que, en principio, impone límites de velocidad, sino que tienen que someterse a las leyes particulares de la banda y ganarles en una competencia de arrancones.
De tal modo, la novela arroja luz sobre los señores feudales mexicanos que, sin poder que los limite y cada uno con una ley aplicable y maleable sólo por ellos y a su manera, pueden exigir a la población de su territorio servicios —silencio, lealtad, dinero, votos— a cambio de protección, dádivas, respeto o supuestas pensiones. Así, el personaje Maleno, a la vez narcotraficante y comandante de la Procuraduría General de la República, amenaza al líder de la escudería Ferrari en México, Arturo, con que, si no le entrega una fuerte cantidad de dinero, lo dejará a merced de otros cárteles del narcotráfico, como el de los Templarios o el de Jalisco, y termina advirtiéndole «que esos raterillos mugrosos sí son bien ojetes» (21-2).
La máscara de la parodia en Lanzadote resulta no serlo y la novela nos plasma un México medieval real. La amplia brecha de desigualdad en la social mexicana se equipara con la diferencia entre los cortesanos y los plebeyos medievales, pues en la novela se contrasta a Ginebra, estudiante de una exclusiva escuela particular de Guadalajara, con las prostitutas de Tepito. Uno de los narcos de la novela busca ejercer el derecho de pernada medieval sobre Ginebra, a quien su hijo, a su vez, ha raptado; una doble violencia que se vuelve símbolo de un México marcado por los crímenes de género donde la víctima es vuelta a violentar por la ineficacia e indiferencia del gobierno oficial, quien no quiere reconocer el feminicidio sistemático porque, por un lado, sería meterse contra los otros señores feudales del territorio y, por otro, porque está convencido, como los conquistadores del siglo XVI que traían las novelas de caballería en su cabeza, que ha encontrado las siete esperanzadores ciudades de Cíbola.
En una realidad mexicana donde varios señores ejercen una autoridad limitada sólo por ellos mismos; donde cada señor impone una ley muchas veces incompatible con la de los otros; donde la participación del poder es cerrada y sólo se abre a través de la violencia o el servilismo, pareciera que a nosotros, vasallos medievales, sólo nos queda el sueño de la esperanza, perdernos en él como aquellos conquistadores que iban de aquí para allá buscando la fuente de la eterna juventud o el Dorado, o que hallaron la isla de California de Las sergas de Esplandián aunque en realidad no lo fuera. Por tanto, el héroe de nuestro medievo, Lanzadote, no puede ser sino fantástico, como el Lanzarote del ciclo artúrico y como todo héroe de novela de caballerías que cortaba tres cabezas con un solo golpe de espada, era invencible en los torneos, nunca violaba la justicia ni siquiera al hacerla por propia mano, y se mantenía incorruptible ante las más apetecibles tentaciones. Nos queda la fantasía y reír, porque, dice Ireri Finn en la novela: «La risa nos fue dada por el diablo para relativizar la realidad» (104). Consecuentemente, sus páginas nos permiten enfrentar, con una paródica sonrisa, la triste realidad de nuestra Edad Media mexicana.

Sanson Nicolas y A. Peyrounin. «Americqve Septentrionale». 1695 (detalle).
Imagen del encabezado: Lienzo de Quauhquechollan. s. XVI.
En él se narra la expedición de Jorge de Alvarado desde el Anáhuac hasta la actual Guatemala.
Bibliografía
Campos, Irerisabel. «Aproximaciones a la parodia». Poéticas de la creación. Edición de Rosina Conde y Carmen Ros con la colaboración de Gustavo Martínez Sáenz. México: Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2020.
Chrétien de Troyes. Le Chevalier de la Charrette. The Charrette Project. Princeton: Princeton University, 1994. Web.
Encyclopædia Britannica. Encyclopædia Britannica Deluxe Edition. Chicago: Encyclopædia Britannica, 2013.
Nájar, Alberto. «Los mapas que muestran los radicales cambios de influencia territorial de los carteles del narcotráfico en México». BBC News Mundo. 11 jul., 2017. Web. Consultado el 18 feb., 2024.
Nieto Morales, Fernando. «El regreso a la lealtad: la burocracia pública en tiempos de la 4T». Nexos. 13 feb., 2025. Web. Consultado el 21 feb., 2025.
Rodríguez García, Arturo. «Pedimos lealtad a ciegas al proyecto de la 4T: AMLO ante dichos de Jaime Cárdenas». Proceso. 24 sept., 2020. Web. Consultado el 20 feb., 2025.
Cierto es que este escrito en apariencia ligera bien puede ser un orgullo tanto para el Círculo de Eranos como para Joseph Campbell.
La escritura a pesar de los signos locales es impecable, y la trama narrativa persigue la curva aristotélica estableciéndose un peculiar y atípico, pero muy mexicano viaje del héroe. Hace de lo terrible una situación dignificante y altiva, lo cual lo convierte en una amena ominosidad. Lo siniestro que asoma el deseo se encubre de ironías y parodias que en la reflexión encrudecen lo real.
Querido Adolfo, los signos locales presentes en los diálogos de los personajes es uno de los grandes aciertos de la novela. El padrenuestro versión fresa que reza Ginebra es uno de los momentos más hilarantes. ¡«Amena ominosidad»!; creo que con este oxímoron describes muy bien cómo Ireri Finn nos hace reír con la triste situación mexicana».
Una verdadera delicia esa lectura.
Encontré en ella una vinculación emocional con las pasiones tanto de Ginebra como de Lanzarote, un viaje sonoro a través de las canciones de las que la autora se sirve para ambientar las escenas, lo bello de las descripciones en las partes sensuales y lo crudo de las partes más viscerales danzan a buen ritmo con lo místico de dos personajes *sin spoilers; giño, giño. Vayan a leerlo*
Tiene varios niveles de lectura así que si eres un erudito de los mitos artúricos, te gustan las historias de caballeros, ves contenido audiovisual de infidelidades, te gusta el chismesito o quieras adentrarte en una historia muy fácil de seguir que te pone de frente cuestionamientos cómo : ¿El amor pasional obedece a límites morales? ¿Deberíamos permitirnos explorar nuestras emociones más intensas sin temer por los resultados? ¿Cómo definimos la lealtad? ¿Ser leal es ser feliz? ¿Decidimos de quien nos enamoramos o simplemente somos dominados por nuestras pasiones? ¿Cuáles son las motivaciones que nos hacen continuar ante las dificultades de lo cotidiano? Así que ya seas un mirrey a cargo de una empresa, un foráneo, el galán del barrio o incluso una «chavita bien»; empatizarás con algún personaje.
Buena narrativa, soundtrack increíble, muchas risas, personajes interesantes, detalles místicos y frases memorables.
Totalmente recomendado.
Kechon, los cuestionamientos que planteas son sumamente interesantes, pues señalan la tensión perenne que existe entre nuestro deseo y la realidad, entre nuestra individualidad y la comunidad. ¿Cómo podríamos explorar nuestras emociones más intensas y mantenernos en equilibrio con el entorno y las consecuencias?
Muchas felicidades a la autora de Lanzadote, Ireri Finn. Su libro-parodia me hizo reír, encabronarme, indignarme y casi resignarme a la obscura realidad de este país.
Felicitaciones también al autor de la reseña, Héctor Cisneros, por tan lúcida reflexión sobre esta Edad Media mexicana, toda llena de feudos y señores feudales.
¡Más libros como estos!
Estimado Ehecatl, muchas gracias por tu comentario y tus felicitaciones. Durante la lectura de Lanzadote y la escritura de esta reseña, también pasé por las emociones que señalas.
Lanzadote es una pequeña gran novela que en un tono ligero y hasta gracioso, retrata la cruda realidad actual de nuestro país, nos hace cuestionar y replantear creencias personales y hasta volver a creer en la bondad y el amor.
De lectura ligera y cautivante, incita tu imaginación y te transporta a cada uno de los escenarios descritos, juega con los personajes, -sus valores y cualidades -, mientras te identificas, recuerdas o hasta aprendes del rico y florido castellano popular y populachero tan mexicano.
Primum opus de Ireri Finn es una novela que merece ser leída y releída por jóvenes y no tan jóvenes, y espero sea solo la primera de muchas más. ¡Felicidades!
Así mismo, hago un reconocimiento y felicitación a Héctor Cisneros por tan interesante, pertinente e informada reseña. Me encantó la comparación del mito artúrico con la conquista de México, nunca había reflexionado en cómo esas novelas caballerescas pudieron subyacer en el espíritu y creencias de los conquistadores castellanos y de igual manera, la idea de una ¿nueva o en realidad primera? edad media en México.
Gracias a ambos por tan gratas lecturas.
Muy querida Elida, te agradezco mucho el haber dejado un comentario. Yo también espero muchas obras más de Ireri Finn, esta destacada artista multidisciplinaria.
Muchas gracias por leer tan atentamente la reseña. Aunque uno de los hitos que usan los historiadores para marcar el fin de la Edad Media es la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492, bien sabemos que las épocas no se cierran un día de forma definitiva, sino gradual. Así, los conquistadores llegaron a América con un imaginario que se enraizaba en el medievo y, con ello, en sus novelas de caballerías. Por lo tanto, la Edad Media es uno de los elementos fundacionales de la cultura occidental en el continente americano.
Lectura que se siente lejana en tiempo, pero presente en la realidad, el puente que conecta estos dos mundos son los sentimientos y las emociones que se viven en estos «tiempos modernos». Eso sí, el toque de la sociedad mexicana queda plasmada en esta novela.
Estimada Paulina, como dices, «la sociedad mexicana queda plasmada en esta novela»; justo eso fue lo que me llevó a analizar en la reseña cómo las estructuras medievales que se constatan en esta obra se aplican a la sociedad mexicana contemporánea. Muchas gracias por leer.
Gracias por la reseña, Héctor. Tu texto es una gran invitación a sumergirse en las páginas de Lanzadote, pero sobre todo a hacerlo con contexto. Una vez que se entiende la tradición literaria en que se inscribe la novela y cómo su autora renueva las formas usadas nueve siglos atrás, es posible apreciar, con más justicia, la osadía, el acierto y el valor literario del texto.
Estimada Carolina, muchas gracias por leer. Concuerdo con tu calificativo de «osadía» al referirte a Lanzadote, pues el texto es osado no sólo a un nivel artístico —al traer a nuestro presente formas literarias de nueve siglos atrás—, sino a un nivel social —al atreverse a comparar la presente realidad mexicana con la cotidianidad medieval—.
Este libro me deslumbró con su creatividad y ritmo, me transportó a un mundo donde lo épico y lo burlesco se encuentran en armonía. Lanzadote es audaz porque desafía la narrativa tradicional con un enfoque fresco y provocador, totalmente recomendado.
Querida Isabel, gracias por dejar un comentario. En efecto, es impresionante cómo Lanzadote nos transporta a los mexicanos a ese mundo épico y burlesco sin transportarnos, puesto que ya estamos en él. El proceso de transportación es, entonces, una toma de conciencia de nuestro entorno medieval, es un abrir los ojos.